Me sorprendes, Claudio. ¿No tienes reverencia alguna hacia la tradición romana, que crees las mentiras que cuentan nuestros enemigos para disminuir nuestras grandezas?

Livio, el historiador se encoleriza ante las cosas que está diciendo Clau Clau Claudio ante él mismo y Polión:

Confieso que hay algo que me intriga (…) yo he visto la tumba-laberinto de Porsena en Clusio… un friso con romanos bajo un yugo… Dionisio de Halicarnaso… (!) El Senado votó a Porsena un trono de marfil, corona de oro, túnica triunfal… Aruns, sacerdote de Capua me dijo el verano pasado… quien expulsó a los Tarquino de Roma no fue Bruto, sino Porsena…

Están en medio de una discusión general sobre la forma correcta de escribir la historia… hay dos formas diferentes… una consiste en llevar a los hombres a la virtud y la otra en obligarles a ver la verdad…’  Lars Porsena, protector del nacimiento de repúblicas, -como Thesan de criaturas humanas-, pide a Claudio la verdad en la historia; según Graves, el mismo Claudio le había exigido en un sueño que contara su verdadera historia.

Benvenuto Cellini escribe en su Vita:

Essendosi in quiesti giorni trovato certe anticaglie nel contado d’Arezzo, in fra le quali si era la Chimera, ch’è quel lione di bronzo, il quale si vede nelle camere convicino alla gran sala del Palazzo; (…) coperte di terra e di ruggine (…); il Duca pigliava piacere di rinettarsele da per sé medesimo con certi cesellini di orefici…

Cellini se admira contándonos al gran Duque de Toscana, Cosme I concentrado en su tarea placentera, sacando tierra antigua de la Quimera tuscia, quizá de esa inscripción sobre su garra derecha: Tinscvil, ‘un regalo para Tinia‘, con algunos instrumentos de orfebre.

– ¿Qué veneno me has dado? Nunca me embriago tan fácilmente. Me pareció ver una mujer velada de estatura superior a la de una mortal, mientras yo era como una nube a su lado.

– No es más que un inofensivo vino de violetas -protestó Lario Alsir-. (…) Tienes que saber que los dioses etruscos siguen a los hijos de nuestro pueblo a cualquier lugar donde éstos vuelvan a nacer…

Lario Alsir, comerciante etrusco en Himera responde a Turmo, en la novela de Waltari.

Y es como un juego de espejos en el tiempo, de nacimientos y renacimientos contados. No olvidemos que en Etruria surgió el Renacimiento*

Hoy -hoy no es ayer ni mañana- me parece que la humanidad es ya incapaz de nada ni remotamente parecido a un renacimiento -¿Gran Reinicio?-, que esos dioses nuestros sin sustancia se nos pegan como lapas a los ojos para no dejarnos ver más allá.

El tiempo etrusco está prescrito. Tiene principio y fin, es limitado; y a la vez eterno. ¿Y el nuestro?

¿Cómo enfocamos lo que nos pasa -¿conveniencia o realidad?- Sabemos ya que nuestra atención es el orfebre que puntea eso que llamamos realidad. Somos lo que llamamos consciencia en este asombroso mecanismo inteligente que es la Tierra; esta consciencia ha logrado para sí conexiones físicas, tangibles, colectivas… ¿De verdad somos tan incapaces, tan torpes, tan indolentes como para no utilizar todos nuestros dones superiores, o al menos diferentes*, todo eso conseguido para hacer que prevalezca el equilibrio, aunque sea en último extremo? Necesitamos mucho buenas noticias.

Más nos vale que la alada Thesan nos esclarezca la mente con su resplandor rosado; y que Tinia, padre del tiempo etrusco, no tenga motivos para carcajearse demasiado.

 

 

 

 

Yo, Claudio – Robert Graves – 1934

Vita – Benvenuto Cellini – 1538-1562

El etrusco (Turms kuolematon) – 1955

*A. Boethius

*Yourcenar – El Tiempo, gran escultor, pg 49

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