Para el etrusco, todo vivía; el universo entero vivía; y era cosa del hombre el vivir en medio de todo eso. Tenía que aspirar la vida dentro de sí, tomándola de las vastas vitalidades errantes del mundo. El cosmos estaba vivo, como un enorme animal. Todo respiraba y latía”. Insiste Lawrence.

Y nos ayuda a captar el tiempo etrusco: un tiempo prescrito, con principio y fin medidos, en el cual el acontecimiento individual coexiste con el tiempo más profundo y lento de las estructuras trascendentes a lo largo de siglos, que los arúspices etruscos conocen y miden minuciosamente. Censorino cuenta que las Tuscae historiae y los Libri Rituali de los etruscos establecían con rigor implacable la duración de la nación etrusca en 10 siglos… Séneca destaca que, para los etruscos cada evento sucede porque tiene un significado: “Como todo lo refieren a Dios, están persuadidos de que el rayo no anuncia el porvenir porque se forma, sino que se forma porque ha de anunciarlo”. La superficialidad de lo contingente se mueve impulsada por la potencia de las estructuras profundas del tiempo. “La desaparición era ineluctable, estaba prevista desde siempre, y hubiera sido inútil querer cambiar el destino”, escribe Massimo Pallotino. Por eso llega también el tiempo de decadencia; es conocido desde el principio, aceptado, como dice Lawrence, sin reservas.

Catulo -87 a. C.- h. 57 a. C.- menciona al etrusco obeso entre el umbro ahorrativo y el latino cetrino de buen dienteVirgilio – 70 a. C.- 19 a. C.- al describir un sacrificio, escribe: «cuando un gordo tirreno ha soplado en el marfil junto a los altares», refiriéndose al sacerdote etrusco que toca la flauta. Y Catón censura a algunos funcionarios etruscos: «¿Cómo podría sacar partido el Estado de un cuerpo donde todo el sitio, de la garganta a la cintura, está ocupado por el abdomen  Pero el poeta satírico Lucilio es aún más explícito: «…glotones, tragones y voraces, que se atiborran de tocino y de cuartos de cerdo, se ceban de espárragos tiernos y de coliflores y se hartan de gambas y de esturiones gigantes… Salve vosotros, que no sois más que vientres». Todo muestra su declive social, económico, político; por supuesto, también el arte. Charun, el demonio azul, Culsu, la de las tijeras y otros demonios alados aparecen cada vez más amenazantes, con mayor frecuencia; Vanth, el genio femenino de la muerte empieza, en este momento, a representar también a la justicia… Los etruscos pierden su identidad y su lengua.

Tras la Guerra Mársica -91-88 a. C.-, la concesión de la ciudadanía romana por la Ley Julia significa la pérdida de la autonomía de las últimas ciudades etruscas. Algunas, con el tiempo, son destruidas. Los romanos más pudientes instalan sus opulentas villas en los restos de los asentamientos rurales etruscos, con lujo aprendido.

La mente etrusca busca todo el significado en el tiempo del momento sabiendo y aceptando que es clave en el tiempo estructural y así cumple, con religiosidad etrusca, su destino esperado. Y es imparable la fuerza de la mente colectiva. Pero, si estamos de acuerdo en que culturas y civilizaciones son constructos de la imaginación humana colectiva para sostener el necesario orden social, entonces, el destino etrusco, ¿podría haber sido otro?

 

Imagen: Sarcofago etrusco de Abemus Incena, llamado del obeso. Museo Arqueológico de Florencia.

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