Esta profunda fe en la vida, esta aceptación plena de la existencia, parece característica de los etruscos».  D. H. Lawrence – Paseos etruscos

Buscando la confirmación a un recuerdo repentino sobre Veyes, repaso algunas fotos hechas en el Museo Etrusco de Villa Giulia, en Roma. Paro, porque el tiempo está aquí atrapado. Hay viveza en las pupilas oscuras, movimiento en los rizos rojos alborotados al viento de un rápido avance o una huida, o quizá un vuelo de gaviota, en el gesto de la hermosa cabeza de la mismísima Thesan-Ino-Leucotea. Tiempo antiguo dedicado y retenido en esas joyas; algunas me asombran por su actualidad, son capaces de transportarte a la vida que se vive en cada unidad de respiración. Depositado ha quedado el tiempo también en la urna-cabaña vilanoviana donde la persona incinerada continúa su existencia para siempre… Esto es tiempo editable.

Este tiempo vuelve mediante un poderoso nexo con los elementos eternos de cada vida hoy, los que nos permiten parar nuestra atención y concentrarla allí donde una mano que pinta está dando los últimos dorados al pendiente botón en la oreja de la alada Thesan, para reconstruir su santuario en Pyrgi; donde el orfebre intercala hilos de oro entre pequeñas placas, materializando en la acción de sus manos toda su atención en la que yo, ahora, centro la mía.  Es tiempo editable porque lo reavivamos al mirar, cada cual desde su mirada. La eternidad está aquí, en el momento, en cada momento vivido de verdad, apurado con los cinco sentidos y toda la intención: pequeños pestañeos de consciencia entre otras dos inmensidades de tiempo, la que te precede, la que te seguirá.

 

Imagen – propia- Cabeza en terracota pintada de Thesan (aprox. 350 a.C.) Museo Nacional Etrusco en Roma.

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