Enheduanna escribe de noche

…como parir, dar nacimiento, concebir el mundo.

La noche es oscura, la planicie apenas iluminada por la leve rodaja de luz de la luna nueva. En la ciudad se están apagando las hogueras. Hay luz en el templo, lámparas encendidas. La gente se asoma tímidamente a las puertas: ella ha vuelto. Y ella escribe. La arcilla es suave bajo el cálamo afilado, pero Enheduanna está enfurecida. Y escribe.

Yo, la que alguna vez se sentó triunfante, fui arrojada del santuario,

como una golondrina (Lugalanne) me hizo volar por las ventanas, y mi vida se fue consumiendo.

 Él me hizo caminar sobre las breñas, al borde del desierto

Me arrancó la corona

y me dio daga y espada: «esto es para ti» –me dijo…

Escribe en primera persona. Y, al escribir, no sólo es la primera en dejar el desgarro de su sentimiento bien explicado, sino que su poder mágico suspende el Tiempo en caracteres cuneiformes, para que, 4.ooo años después podamos recobrarlo. Es la gran «Sacerdotisa-En» de Nanna, Padre de los dioses; es la hija de Sargón -otro hijo arrojado al río en una canasta de la gran sacerdotisa de la diosa Innana y del Jardinero del templo-, la Más alta princesa

En el lugar más sólido, ¿qué soy, aun siendo quien soy?

se pregunta, y ella ha sido arrojada de su santuario.

Ese santuario cuya atracción es irresistible, cuya belleza está fuera de comparación

Ese santuario él lo llevó a la destrucción.

Escribe y firma y sabe lo que está haciendo.

El compilador de las tabletas fue En-hedu-ana. Mi rey, se ha creado algo que nadie ha creado antes.

La lira descansa a su lado, sobre sus dos lunas nuevas; la luna nueva es apenas una sonrisa muy fina de luz en la oscuridad punteada del cielo de Ur. Enheduanna –la alta sacerdotisa del adorno que es la luna en el cielo-, la primera, ha vuelto… Y escribe.

             Disk of Enheduanna at the Penn Museum Filadelfia – Ur – 1926-1931 – Leonard Woolley

⪼⪼ https://link.springer.com/article/10.1007/s00283-019-09914-7

Portada: Ruinas de Ur, con Etemenniguru, dedicado a Nanna.

Hilos, tejidos y textos

Según la RAE un texto es un enunciado o conjunto coherente de enunciados orales o escritos. La palabra proviene del latín textus: propiamente ‘trama’, ‘tejido’. Porque textus es el participio pasado de texo-texere = ‘tejer’ ‘tramar’ ‘entrelazar’ ‘urdir’.

Así que resulta que, desde siempre, textus se ha aplicado como una metáfora, se basa en una relación de comparación, de semejanza entre la urdimbre de hilos y la de palabras, aunque ya no lo recordemos. Desde luego, es una relación muy antigua; tanto que viene aún de más atrás: la raíz proto-indoeuropea teks, que significa ‘tejer’, ‘fabricar’, ‘ensamblar’, ‘artesano’, ‘carpintero’… de la que también proceden los griegos tekton = ‘estructura’, ‘construcción’, ‘obra’, y tekné = ‘técnica’, ‘arte’… ¿Nos suena? Ahora más que nunca. Y más, la raíz proto-indoeuropea tag = ‘tocar’, de la que también derivan el latino tangere = ‘tocar’ y tactus = ‘tacto’… El tacto, nuestro sentido del tacto, el único imprescindible al ser humano, al que se considera el principal de todos sentidos, pues conecta todas las terminaciones nerviosas de nuestra piel y las internas de nuestro organismo con las redes neuronales del cerebro…

En cada texto tocamos o nos tocan entonces conceptos, representaciones mentales, impresiones… el tejido que nos convierte en humanos.

«Cuando nos describimos como seres sensibles, lo que queremos decir es que somos conscientes. El significado más literal y amplio es que tenemos percepción sensorial.» Reflexiona Diane Ackerman.

El vestigio de los hilos está por todas partes en nuestro lenguaje. El hilo no es sólo una hebra de material textil, sino además la continuación de un discurso. Devanar: dar vueltas a un hilo alrededor de un eje; y desenvolver la trama de un asunto. Y el hilo de la vida, el hilo argumental, al hilo de, coger el hilo, perderlo, retomarlo, seguir o tirar del hilo, manejar hilos, no dar puntada sin hilo, pender de un hilo… La palabra latina nihil, que significa ‘nada’ procede de ne-hilum, algo como «ni un hilo».

 «El origen de la inteligencia de los hombres reside en sus manos.» dice Anaxágoras.




En la imagen, el punto central de la Creación de Adán de Miguel Ángel, en la Capilla Sixtina.