Presencias en los sueños

Henri Michaux escribe que la noche es el telón de los sueños, la puerta a un universo donde todas las presencias coexisten.  ¿Nunca os habéis preguntado si los rostros desconocidos que vemos en sueños existen o han existido de verdad alguna vez en algún lugar?
Seguro que te ha pasado. Te despiertas con un rostro totalmente definido y vívido en la retina -esta retina no ha hecho falta (ahora)-, alguien que ha aparecido en el sueño, que no crees haber visto jamás y cuya presencia, hace un momento casi tangible, te va pareciendo menos natural y más extraña a medida que vas despertando. Una vez plenamente en la locura de la vigilia, si aún recuerdas esa presencia, te parece de otro mundo, y te preguntas si también estará en éste…
Alguien me dijo una vez que, de cada 10 personas que aparecen en nuestros sueños, 4 son extrañas. Ahora no logro confirmar ese dato, quizá lo he soñado… Pero la investigación demuestra que:
  • Los sueños resultan de complicados procesos relacionados con el hipocampo.
  • Son, claramente, parte de la actividad de la memoria.
  • Nuestra mente es incapaz de inventar un rostro en sueños.

El origen de las imágenes oníricas -personas, animales, lugares, acciones- está siempre en las experiencias e impresiones de la vigilia: nuestra vida cotidiana es el semillero de nuestros sueños. Así que, claro que sí, esos rostros existen de verdad, jamás veremos en sueños un rostro desconocido. Quizá están arrinconados en un profundo recoveco de nuestra mente, pero esos rostros corresponden a personas que hemos visto (con la retina), aunque sólo sea un instante, en nuestro entorno, y éste es más amplio de lo que podemos pensar de entrada: nuestros ámbitos personal, familiar, social, laboral, de viajes… Y la tele, el cine, el medio digital donde paramos cada vez más. Y todo esto, simultáneamente, sin tiempo

Y, por cierto, aquí tenéis una ‘broma’ o ‘campaña de marketing’ muy digital que juega con el tema y que quizá os suene… ¿Habéis visto este rostro en vuestros sueños? 😉

 

Kekulé soñando

Cuenta Kekulé:

«Durante mi estancia en Gante, vivía en uno de los barrios elegantes de la vía principal, sin embargo, estaba en un callejón estrecho donde no entraba la luz del día… Me encontraba sentado escribiendo en mi libro de texto, pero las investigaciones no prosperaban, mis pensamientos estaban en otra parte. Volví a la silla de frente al hogar y me dormí. Una vez más los átomos comenzaron a brincar ante mis ojos. Pero esta vez los grupos más pequeños se mantenían discretamente al fondo. Mi ojo mental, entrenado por las repetidas visiones de este tipo, ahora podía distinguir estructuras más grandes; largas filas se entrelazaban y mezclaban en un movimiento como de serpientes. ¡Pero mira! ¿Qué es eso? Una de las serpientes había mordido su propia cola, y la forma giró burlonamente ante mis ojos. Como iluminado por un relámpago, me desperté…»

1862. 6 átomos de carbono y 6 de hidrógeno en una estructura muy determinada, anular, forman el benceno, C6H6, detrás del cual se desvelan muchos químicos en aquel momento. Hoy, el benceno está entre los 20 productos químicos de mayor producción mundial, y se puede encontrar entre los contaminantes tóxicos procedentes de las emisiones provocadas por las actividades humanas.

Los sueños hablan el lenguaje de los símbolos, y los símbolos son el idioma del inconsciente, palabras, imágenes con connotaciones específicas, con significado ajustado a cada soñador, a su individualidad y a sus circunstancias, a ese ojo mental, entrenado por las repetidas visiones de este tipo que tan certeramente destaca Kekulé al narrar su sueño.

Una serpiente gira mordiendo su propia cola…’un arquetipo que se abre camino en la mente humana, una y otra vez y de diversas maneras.’  Y, ¿no son los sueños un proceso biológico irracional? Desde luego, y ponen al lenguaje en estado de emergencia…

“Cuando se desea investigar la facultad del hombre para crear símbolos, los sueños resultan el material más básico y accesible para este fin.”  dice Jung.

 

 

 

M. Roberts: Serendipidty, Accidental Discoveries in Science (New York: John Wiley and Sons, 1989), pp. 75-81.

Durero soñando

«La noche de miércoles al jueves de Pentecostés, vi en sueños lo que representa este dibujo: una multitud de trombas de agua que caían del cielo. La primera golpeó la tierra a una distancia de cuatro leguas: la sacudida y el ruido fueron terroríficos, y toda la región se vio inundada. Tanto me hizo padecer aquello, que me desperté. Después, las otras trombas de agua, espantosas por su violencia y su número, golpearon la tierra, unas más lejos y otras más cerca. Y caían de tan alto que parecían bajar todas con lentitud. Pero cuando la primera tromba estuvo muy cerca ya del suelo, su caída se hizo tan rápida e iba acompañada de tal ruido y de tal huracán que me desperté, temblando como una hoja, y tardé mucho tiempo en reponerme. De suerte que, una vez levantado, pinté lo que aquí arriba vemos. Dios encamina todas las cosas hacia su mayor bien.»

Estas palabras anota Alberto Durero en una entrada de su diario, al amanecer del 8 de junio de 1521, apresuradamente, antes de que llegue la maestra; describen el sueño del que el pintor apenas acaba de despertar. Pero Durero no ha empezado por las palabras, que no son su principal capacidad… el pintor primero esboza, pinta, nada más levantarse. Y podemos imaginarlo, aún temblando como una hoja, mirando su bosquejo de trombas de agua azules cayendo sobre la región parda y mezclándose, casi con los ecos del ruido y del huracán en sus oídos, afanándose por plasmar, considerando los pinceles insuficientes, anotando palabras debajo para completar la descripción… El resultado nos sumerge directamente en el ambiente de esa ‘ciudad de los sueños de la que nadie puede evadirse’* que tanto conocemos todos y cuyas improntas, vividas durante tanto tiempo de nuestras vidas, nos cuesta tanto definir. Reconocemos, comprendemos. También que las sensaciones del sueño son sólo del que sueña y exclusivamente suyas: imagen y palabras sin tiempo.

Marguerite Yourcenar –  El tiempo, gran escultor

Absolute Durero – Escritos y diarios inéditos, recientemente publicados.

*Henri Michaux – Modos del dormido, modos del que despierta

Sueño de palabras

‘El umbral, ¿no lo ves?’ Claro que lo veo, perfectamente, clarísimo voy a contestarme; veo palabras que son reales, ahora no soy más que la lógica aplastante del ambiente que crean,  palabras tangibles que contienen todo, qué descubrimiento. Pero ya está aquí ella… «Ahí llega nuestra maestra, la conciencia de la vigilia…» Cómo te resistes, no quieres salir de esa comprensión tan natural, sabes que el tiempo empieza otro día; quieres guardarte tu sueño intacto, es esencial, imprescindible esto que acabas de entender; y sabes que es frágil: esforzándote para no mover un solo músculo te aferras a esas últimas palabras, a su sentido, y el puente se desvanece, la puerta se cierra… Apenas queda la última palabra, ¿ves? Balbuceas, que se grabe en tus oídos, pero también la comprensión se diluye… y se pierde.

La conciencia de la vigilia me hace su primera advertencia: debo sorprenderme, esto era un sueño de palabras, de sonidos, de sílabas… ¿qué más? ¿Lo ves?

Freud comenta que no debe extrañarnos esa capacidad de la palabra para provocar y concentrar en sí el remolino del sueño: «La palabra, como punto de convergencia de múltiples representaciones, es, por decirlo así, un equívoco predestinado, y las neurosis (fobias, representaciones obsesivas) aprovechan, con igual buena voluntad que el sueño, las ventajas que la misma les ofrece para la condensación y el disfraz.»

Así que, vale, no me asombro. Sólo recuerdo que hay maneras de recordar los sueños. Me apunto averiguar cuáles son.  Porque si pudiera recordar las palabras del sueño, todo estaría resuelto para siempre.

¿Soñáis con palabras? ¿Las recordáis después ante la «maestra»?

 

 

Podemos imaginar que las cosas suceden de la forma siguiente. La conciencia del reposo se dice: Ahí viene nuestra maestra, la conciencia de la vigilia que tanto valor da a la razón, la lógica, etc. ¡De prisa! ¡Vamos a cogerlo todo y a ordenarlo como sea antes que llegue a tomar posesión de la escena!» Havelock Ellis citado por Freud en La Interpretación de los Sueños –  pág. 296

La Interpretación de los Sueños -Sigmund Freud -pág. 205

La imagen es un recorte de A portrait of Pablo Picasso with words from his pictures de Juan Osborne.

Sueños y tiempo

«En el sueño, simplemente soy. Vivo ‘actual’ en el eterno actual. Apenas sí hay un ‘más tarde’, y justo lo que es necesario de ‘antes’ para que pueda existir este ‘presente‘ que vivo, al que asisto.» Esto nos dice sobre el sueño y el tiempo en el sueño Henri Michaux, en Modos del dormido, modos del que despierta.

El ensayista y dramaturgo Hugo Hiriart en Sobre la naturaleza de los sueños nos hace notar:

….«Considerados desde la vigilia, los sueños son cortísimos, casi instantáneos. Pero cuando vivimos esta experiencia dormidos no tienen esta duración porque dormidos perdemos el sentido del tiempo. El sueño se desgrana, entonces, fuera del tiempo y pierde sentido preguntarnos por su duración. Dormidos, adentro de un sueño, un segundo es una eternidad, porque la eternidad no es mucho, muchísimo tiempo, sino ausencia de tiempo

Y «Los sueños representan para Jung un lenguaje coherente y tanto más rico aún por cuanto está libre de las leyes del tiempo y de la causalidad.» Declara el polifacético Mircea Eliade hablando sobre la integración de los opuestos y de su encuentro con Jung, en El vuelo mágico.

También María Zambrano, en su libro Los sueños y el tiempo, destaca esa privación del tiempo que se produce en sueños:  «El sujeto está en sueños privado de lo que el nacimiento da ante todo, aún antes que consciencia: tiempo, fluir temporal.»