Pita, mates y tiempo

 

No sé muy bien cuando llegó la pita a casa. Así llamamos a esta planta aquí, pero su género, cuyo centro de origen está en Méjico, recibe también el mitológico nombre de ágave, y además los americanos maguey, fique o mezcal. En la primera mudanza que recuerdo, cuando era una criatura, la pita ya hubo de ser trasladada con fuerza y mucho cuidado, en su gran maceta, de la que pasó al suelo del jardín que existía delante de nuestra nueva casa, donde creció durante muchos años más, hasta que, por obras, tuvo que ser trasladada, esta vez, con maquinaria.

En tanto, poco a poco se iba convirtiendo en un enorme y precioso ejemplar de su especie. Hoja a hoja, cada vez UNA hoja verde, alargada, suculenta, bordeada de blanco y festoneada de pinchos, y luego otra, DOS, y luego TRES, iba siguiendo su patrón geométrico, una tendencia fascinante que prevalece en la naturaleza y que resuelve de forma simple y elegante el problema del crecimiento, de manera que las hojas puedan recibir todas ellas la misma cantidad de sol y agua de lluvia sin estorbarse unas a otras.

Es una secuencia ancestral muy sencilla, en la que Fibonacci se fijó a principios del siglo XIII, en la cual cada término es la suma de los dos anteriores: 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34… y que tiene una relevancia fundamental en la naturaleza: aparece y regula –aunque no en exclusiva- muchas configuraciones biológicas, desde el linaje de las abejas, pasando por las espirales que forman las pipas del girasol, el brécol romanesco, las alcachofas, las margaritas o las piñas, el crecimiento de las ramas de los árboles, las estrellas de mar, o los copos de nieve. Es una sucesión matemática que se aplica en computación y tiene singulares propiedades, entre ellas la de su especial relación con la razón áurea o divina proporción, el número Phi  Φ, que no es sino la proporción que existe en la distancia que separa las espiras de la concha de un caracol, o la distancia que hay entre tu ombligo y la planta de tus pies respecto de tu altura total…

Durante esta primavera nos sorprendió observar cómo, del mismo centro de la planta, surgía un enorme tallo floral con forma de espárrago, que crecía en vertical, casi por momentos…

Y creció y creció y, una vez que hubo llegado a medir unos 9 metros comenzó a ramificar a su vez, una, dos, tres inflorescencias,  completando de nuevo la rigurosa serie, la pauta armónica, la estructura que subyace insistentemente en la creación y, más en especial, en los organismos vivos, según su diseño misterioso y perfecto, la tecnología de la naturaleza.

 

La naturaleza sigue sus patrones, que afectan inevitablemente a nuestra noción  de belleza, y que el ser humano copia y remeda una y otra vez en sus obras, desde el Partenón, a las obras de genios como Miguel Ángel, Leonardo da Vinci o Dalí, o Beethoven, Schubert o Debussy, hasta el diseño de logotipos, y el tiempo sigue su curso. La pita que nos ha acompañado durante casi toda nuestra vida, obediente a sus constantes matemáticas y al tiempo, llega a su final con ese alarde espectacular de derroche, esta explosión de belleza desbordada y generosa.Mientras, sus hojas, cubiertas de melaza dulcísima, van perdiendo su fuerza y amontonándose –ahora sí- unas sobre otras, para descansar.  Estamos despidiéndonos de ella muy poco a poco y nos invaden sentimientos de asombro ante su ciclo de perfección, de ternura ante este coloso que se va derrumbando despacito, de pérdida y un enorme agradecimiento porque hemos sido testigos de su vida vegetal, silenciosa a la vez que maravillosamente expresiva, que se replica y se sucede a sí misma, deja mucha sucesión…

Pasan años, y todo vuelve

Tiempo etrusco lll

 

Me sorprendes, Claudio. ¿No tienes reverencia alguna hacia la tradición romana, que crees las mentiras que cuentan nuestros enemigos para disminuir nuestras grandezas?

Livio, el historiador se encoleriza ante las cosas que está diciendo Clau Clau Claudio ante él mismo y Polión:

Confieso que hay algo que me intriga (…) yo he visto la tumba-laberinto de Porsena en Clusio… un friso con romanos bajo un yugo… Dionisio de Halicarnaso… (!) El Senado votó a Porsena un trono de marfil, corona de oro, túnica triunfal… Aruns, sacerdote de Capua me dijo el verano pasado… quien expulsó a los Tarquino de Roma no fue Bruto, sino Porsena…

Están en medio de una discusión general sobre la forma correcta de escribir la historia… hay dos formas diferentes… una consiste en llevar a los hombres a la virtud y la otra en obligarles a ver la verdad…’  Lars Porsena, protector del nacimiento de repúblicas, -como Thesan de criaturas humanas-, pide a Claudio la verdad en la historia; según Graves, el mismo Claudio le había exigido en un sueño que contara su verdadera historia.

Benvenuto Cellini escribe en su Vita:

Essendosi in quiesti giorni trovato certe anticaglie nel contado d’Arezzo, in fra le quali si era la Chimera, ch’è quel lione di bronzo, il quale si vede nelle camere convicino alla gran sala del Palazzo; (…) coperte di terra e di ruggine (…); il Duca pigliava piacere di rinettarsele da per sé medesimo con certi cesellini di orefici…

Cellini se admira contándonos al gran Duque de Toscana, Cosme I concentrado en su tarea placentera, sacando tierra antigua de la Quimera tuscia, quizá de esa inscripción sobre su garra derecha: Tinscvil, ‘un regalo para Tinia‘, con algunos instrumentos de orfebre.

– ¿Qué veneno me has dado? Nunca me embriago tan fácilmente. Me pareció ver una mujer velada de estatura superior a la de una mortal, mientras yo era como una nube a su lado.

– No es más que un inofensivo vino de violetas -protestó Lario Alsir-. (…) Tienes que saber que los dioses etruscos siguen a los hijos de nuestro pueblo a cualquier lugar donde éstos vuelvan a nacer…

Lario Alsir, comerciante etrusco en Himera responde a Turmo, en la novela de Waltari.

Y es como un juego de espejos en el tiempo, de nacimientos y renacimientos contados. No olvidemos que en Etruria surgió el Renacimiento*

Hoy -hoy no es ayer ni mañana- me parece que la humanidad es ya incapaz de nada ni remotamente parecido a un renacimiento -¿Gran Reinicio?-, que esos dioses nuestros sin sustancia se nos pegan como lapas a los ojos para no dejarnos ver más allá.

El tiempo etrusco está prescrito. Tiene principio y fin, es limitado; y a la vez eterno. ¿Y el nuestro?

¿Cómo enfocamos lo que nos pasa -¿conveniencia o realidad?- Sabemos ya que nuestra atención es el orfebre que puntea eso que llamamos realidad. Somos lo que llamamos consciencia en este asombroso mecanismo inteligente que es la Tierra; esta consciencia ha logrado para sí conexiones físicas, tangibles, colectivas… ¿De verdad somos tan incapaces, tan torpes, tan indolentes como para no utilizar todos nuestros dones superiores, o al menos diferentes*, todo eso conseguido para hacer que prevalezca el equilibrio, aunque sea en último extremo? Necesitamos mucho buenas noticias.

Más nos vale que la alada Thesan nos esclarezca la mente con su resplandor rosado; y que Tinia, padre del tiempo etrusco, no tenga motivos para carcajearse demasiado.

 

 

 

 

Yo, Claudio – Robert Graves – 1934

Vita – Benvenuto Cellini – 1538-1562

El etrusco (Turms kuolematon) – 1955

*A. Boethius

*Yourcenar – El Tiempo, gran escultor, pg 49

Tiempo etrusco ll

Para el etrusco, todo vivía; el universo entero vivía; y era cosa del hombre el vivir en medio de todo eso. Tenía que aspirar la vida dentro de sí, tomándola de las vastas vitalidades errantes del mundo. El cosmos estaba vivo, como un enorme animal. Todo respiraba y latía”. Insiste Lawrence.

Y nos ayuda a captar el tiempo etrusco: un tiempo prescrito, con principio y fin medidos, en el cual el acontecimiento individual coexiste con el tiempo más profundo y lento de las estructuras trascendentes a lo largo de siglos, que los arúspices etruscos conocen y miden minuciosamente. Censorino cuenta que las Tuscae historiae y los Libri Rituali de los etruscos establecían con rigor implacable la duración de la nación etrusca en 10 siglos… Séneca destaca que, para los etruscos cada evento sucede porque tiene un significado: “Como todo lo refieren a Dios, están persuadidos de que el rayo no anuncia el porvenir porque se forma, sino que se forma porque ha de anunciarlo”. La superficialidad de lo contingente se mueve impulsada por la potencia de las estructuras profundas del tiempo. “La desaparición era ineluctable, estaba prevista desde siempre, y hubiera sido inútil querer cambiar el destino”, escribe Massimo Pallotino. Por eso llega también el tiempo de decadencia; es conocido desde el principio, aceptado, como dice Lawrence, sin reservas.

Catulo -87 a. C.- h. 57 a. C.- menciona al etrusco obeso entre el umbro ahorrativo y el latino cetrino de buen dienteVirgilio – 70 a. C.- 19 a. C.- al describir un sacrificio, escribe: «cuando un gordo tirreno ha soplado en el marfil junto a los altares», refiriéndose al sacerdote etrusco que toca la flauta. Y Catón censura a algunos funcionarios etruscos: «¿Cómo podría sacar partido el Estado de un cuerpo donde todo el sitio, de la garganta a la cintura, está ocupado por el abdomen  Pero el poeta satírico Lucilio es aún más explícito: «…glotones, tragones y voraces, que se atiborran de tocino y de cuartos de cerdo, se ceban de espárragos tiernos y de coliflores y se hartan de gambas y de esturiones gigantes… Salve vosotros, que no sois más que vientres». Todo muestra su declive social, económico, político; por supuesto, también el arte. Charun, el demonio azul, Culsu, la de las tijeras y otros demonios alados aparecen cada vez más amenazantes, con mayor frecuencia; Vanth, el genio femenino de la muerte empieza, en este momento, a representar también a la justicia… Los etruscos pierden su identidad y su lengua.

Tras la Guerra Mársica -91-88 a. C.-, la concesión de la ciudadanía romana por la Ley Julia significa la pérdida de la autonomía de las últimas ciudades etruscas. Algunas, con el tiempo, son destruidas. Los romanos más pudientes instalan sus opulentas villas en los restos de los asentamientos rurales etruscos, con lujo aprendido.

La mente etrusca busca todo el significado en el tiempo del momento sabiendo y aceptando que es clave en el tiempo estructural y así cumple, con religiosidad etrusca, su destino esperado. Y es imparable la fuerza de la mente colectiva. Pero, si estamos de acuerdo en que culturas y civilizaciones son constructos de la imaginación humana colectiva para sostener el necesario orden social, entonces, el destino etrusco, ¿podría haber sido otro?

 

Imagen: Sarcofago etrusco de Abemus Incena, llamado del obeso. Museo Arqueológico de Florencia.

Tiempo etrusco l

Esta profunda fe en la vida, esta aceptación plena de la existencia, parece característica de los etruscos».  D. H. Lawrence – Paseos etruscos

Buscando la confirmación a un recuerdo repentino sobre Veyes, repaso algunas fotos hechas en el Museo Etrusco de Villa Giulia, en Roma. Paro, porque el tiempo está aquí atrapado. Hay viveza en las pupilas oscuras, movimiento en los rizos rojos alborotados al viento de un rápido avance o una huida, o quizá un vuelo de gaviota, en el gesto de la hermosa cabeza de la mismísima Thesan-Ino-Leucotea. Tiempo antiguo dedicado y retenido en esas joyas; algunas me asombran por su actualidad, son capaces de transportarte a la vida que se vive en cada unidad de respiración. Depositado ha quedado el tiempo también en la urna-cabaña vilanoviana donde la persona incinerada continúa su existencia para siempre… Esto es tiempo editable.

Este tiempo vuelve mediante un poderoso nexo con los elementos eternos de cada vida hoy, los que nos permiten parar nuestra atención y concentrarla allí donde una mano que pinta está dando los últimos dorados al pendiente botón en la oreja de la alada Thesan, para reconstruir su santuario en Pyrgi; donde el orfebre intercala hilos de oro entre pequeñas placas, materializando en la acción de sus manos toda su atención en la que yo, ahora, centro la mía.  Es tiempo editable porque lo reavivamos al mirar, cada cual desde su mirada. La eternidad está aquí, en el momento, en cada momento vivido de verdad, apurado con los cinco sentidos y toda la intención: pequeños pestañeos de consciencia entre otras dos inmensidades de tiempo, la que te precede, la que te seguirá.

 

Imagen – propia- Cabeza en terracota pintada de Thesan (aprox. 350 a.C.) Museo Nacional Etrusco en Roma.

Presencias en los sueños

Henri Michaux escribe que la noche es el telón de los sueños, la puerta a un universo donde todas las presencias coexisten.  ¿Nunca os habéis preguntado si los rostros desconocidos que vemos en sueños existen o han existido de verdad alguna vez en algún lugar?
Seguro que te ha pasado. Te despiertas con un rostro totalmente definido y vívido en la retina -esta retina no ha hecho falta (ahora)-, alguien que ha aparecido en el sueño, que no crees haber visto jamás y cuya presencia, hace un momento casi tangible, te va pareciendo menos natural y más extraña a medida que vas despertando. Una vez plenamente en la locura de la vigilia, si aún recuerdas esa presencia, te parece de otro mundo, y te preguntas si también estará en éste…
Alguien me dijo una vez que, de cada 10 personas que aparecen en nuestros sueños, 4 son extrañas. Ahora no logro confirmar ese dato, quizá lo he soñado… Pero la investigación demuestra que:
  • Los sueños resultan de complicados procesos relacionados con el hipocampo.
  • Son, claramente, parte de la actividad de la memoria.
  • Nuestra mente es incapaz de inventar un rostro en sueños.

El origen de las imágenes oníricas -personas, animales, lugares, acciones- está siempre en las experiencias e impresiones de la vigilia: nuestra vida cotidiana es el semillero de nuestros sueños. Así que, claro que sí, esos rostros existen de verdad, jamás veremos en sueños un rostro desconocido. Quizá están arrinconados en un profundo recoveco de nuestra mente, pero esos rostros corresponden a personas que hemos visto (con la retina), aunque sólo sea un instante, en nuestro entorno, y éste es más amplio de lo que podemos pensar de entrada: nuestros ámbitos personal, familiar, social, laboral, de viajes… Y la tele, el cine, el medio digital donde paramos cada vez más. Y todo esto, simultáneamente, sin tiempo

Y, por cierto, aquí tenéis una ‘broma’ o ‘campaña de marketing’ muy digital que juega con el tema y que quizá os suene… ¿Habéis visto este rostro en vuestros sueños? 😉

 

Trancazo

Un poco de frío que no, comprobado, no viene de fuera; sí, la cabeza… y las piernas y la espalda: están ahí, no muy bien. Una hora más. La fiebre está subiendo en serio -y no sé aprovecharla como Piranesi o T. E. Lawrence- ya no hay duda. Gana el virus*. Es gripe. Gripe, del francés grippé, atascado, bloqueado, gripado, agarrotado… Lo que se llama un trancazo, me dice todo el cuerpo. Trancazo, de tranca, palo grueso y fuerte, con nombre de origen celta, cf. galo tarinca… Esa es la palabra, y trancazo es una palabra que me gusta. Es lo único que me gusta del trancazo.

No me resisto. Miro el sol de febrero desde la ventana, frenada y quieta; como un coche gripado, como las puertas de casa de la abuela cada noche, atrancadas con tranca, bloqueadas hasta la mañana. Y tranquila. No lo parece, pero es invierno. El trancazo es un mal del tiempo y, tiempo de trancazo, eres tiempo frenado a la fuerza, a trancazo, a culatazo.

Fuera, un herrerillo salta de una rama a otra, mientras pienso en palabras heredadas y cómo, y en su significado. Ay, la fiebre… 😉

___

* «…el 30% de todas las adaptaciones proteínicas sucedidas desde que los humanos se separaron de los chimpancés han sido impulsadas por virus».

Estoy escribiendo a mano

 

Estoy escribiendo a mano, ya lo veis; mente-ojo-mano, para que no se me olvide. Sin teclas ni pantallas, la muñeca mantiene la mano firme, para que los dedos puedan aferrar con flexibilidad; apuntan, el boli surca el campo del papel en blanco con suavidad, como yo quiero, por donde quiero ir, a mi manera. Los trazos imprecisos, por más o por menos, no vuelven atrás con ningún cursor mágico para ser retocados en pro de la perfección: así quedan, cada cual un solo fragmento de tiempo pensado, mientras el papel dure.

«La mano que escribe comunica con el ‘ser’ -nos dice Byung-Chul Han en En el Enjambre, citando a Heidegger, y sigue-. La máquina de escribir, en la que sólo se emplea la punta de los dedos, nos aleja del ser… conduce a una atrofia de la mano, a la decadencia de la mano que escribe, es más, al olvido del ser… La mano de Heidegger piensa, en lugar de actuar: ‘Cualquier movimiento de la mano en cada una de sus obras se conduce a sí mismo a través del elemento del pensar, hace gestos en medio de este elemento. Toda obra de la mano descansa en el pensar.’ El pensamiento es una mano de obra. De este modo, la atrofia digital de la mano haría que se atrofiara el pensamiento mismo… »

El binomio mano-pensamiento es firme, pensamiento y mano se conforman mutuamente, las manos son los intérpretes entre nosotros y el mundo que nos rodea, sin manos que se afanan no hubiese existido pensamiento. No podemos olvidarnos de dar uso a nuestras manos, de ocuparlas con tareas, de imprimir en ellas nuestra atención y nuestra fuerza, nuestro pensamiento centrado en su movimiento iniciador y transformador. Que no se nos olvide ejercitarlas, con lo que sea, cazuelas, plantas, tierra, herramientas, fichas de ajedrez, tejidos, papel, pluma y boli… ni tocar, animales, cosas, texturas, instrumentos, a las personas…

A ver si logramos que no se atrofien estas manos-pensamiento que han dado a nuestro mundo esta forma tan digital. 😉

Kekulé soñando

Cuenta Kekulé:

«Durante mi estancia en Gante, vivía en uno de los barrios elegantes de la vía principal, sin embargo, estaba en un callejón estrecho donde no entraba la luz del día… Me encontraba sentado escribiendo en mi libro de texto, pero las investigaciones no prosperaban, mis pensamientos estaban en otra parte. Volví a la silla de frente al hogar y me dormí. Una vez más los átomos comenzaron a brincar ante mis ojos. Pero esta vez los grupos más pequeños se mantenían discretamente al fondo. Mi ojo mental, entrenado por las repetidas visiones de este tipo, ahora podía distinguir estructuras más grandes; largas filas se entrelazaban y mezclaban en un movimiento como de serpientes. ¡Pero mira! ¿Qué es eso? Una de las serpientes había mordido su propia cola, y la forma giró burlonamente ante mis ojos. Como iluminado por un relámpago, me desperté…»

1862. 6 átomos de carbono y 6 de hidrógeno en una estructura muy determinada, anular, forman el benceno, C6H6, detrás del cual se desvelan muchos químicos en aquel momento. Hoy, el benceno está entre los 20 productos químicos de mayor producción mundial, y se puede encontrar entre los contaminantes tóxicos procedentes de las emisiones provocadas por las actividades humanas.

Los sueños hablan el lenguaje de los símbolos, y los símbolos son el idioma del inconsciente, palabras, imágenes con connotaciones específicas, con significado ajustado a cada soñador, a su individualidad y a sus circunstancias, a ese ojo mental, entrenado por las repetidas visiones de este tipo que tan certeramente destaca Kekulé al narrar su sueño.

Una serpiente gira mordiendo su propia cola…’un arquetipo que se abre camino en la mente humana, una y otra vez y de diversas maneras.’  Y, ¿no son los sueños un proceso biológico irracional? Desde luego, y ponen al lenguaje en estado de emergencia…

“Cuando se desea investigar la facultad del hombre para crear símbolos, los sueños resultan el material más básico y accesible para este fin.”  dice Jung.

 

 

 

M. Roberts: Serendipidty, Accidental Discoveries in Science (New York: John Wiley and Sons, 1989), pp. 75-81.

Afinar con Eva

 

– No me digas que no has oído hablar de la «frecuencia Goebbles»…

En una tarde de un verano, sentadas a la sombra, Eva me mira con cara de mala, bebe un trago de cerveza y se ríe al ver cómo me quedo; se calza uno de sus pares de gafas y, mientras busca en su móvil, me explica. Resulta que se dice por ahí que el tremebundo ministro de propaganda nazi fue quien inspiró e impulsó el cambio al actual estándar de afinación con la=440Hz.

– Ah. ¿Y cómo se afinaba antes?

– ¡Aquí está! Antes… -lee- en la=432Hz, ‘el estándar universal, el punto de balance sónico de la naturaleza y del universo.’  Ese cambio de afinación a la actual ‘genera una frecuencia inarmónica con el planeta y con el organismo humano…’

– :-O :-/

Me deja de piedra. La música que hemos oído desde antes de nacer, ¿toda ‘contaminada’ de malas vibraciones? ¡Qué siniestro*! No sé. Habrá que mirar…

Afinar en la=440Hz (o 432 o 444, o en la frecuencia que sea) no es más que conseguir una vibración de 440 (o en 432, o lo que sea) veces por segundo, en la cuerda de la guitarra que hemos convenido que sea la, o sea la . Las demás van en consonancia. Esta convención es necesaria.

  • La=432… ¿estándar universal? ¿Universal del universo o universalque es común a todos, sin excepción’?
    1. Si lo primero, ¿quién nos demuestra que 432 es la ‘vibración natural del universo’, y cómo? Hay una tal resonancia Schumann, un fenómeno predicho matemáticamente por el susodicho y observado por Tesla, que se da en la banda de frecuencias más bajas de la Tierra, cuando hay relámpagos; pero ni exacta, ni invariable. Quizá al dr. Frankestein le vino bien para dar vida a su criatura, pero a nosotras… En la naturaleza no existen las tonalidades absolutas.
    2. Tampoco 432 ha sido nunca común… Parece que la música antigua se interpretaba en rangos cercanos al 415; eso es casi un semitono por debajo de ese estándar universal. La música tradicional siempre ha afinado de oído, dependiendo de los instrumentos -cuyas cuerdas, en su caso, muchas veces de tripas de gato, animalejo 🙀 , es mejor no romper- y de las tesituras de las voces que cantan: mejor no forzar. Mozart prefiere la afinación en 422 Hz; dos diapasones de Haendel están afinados en 422’5 Hz y 409 Hz. El órgano de Trinity College estaba en 309 Hz y el de Westminster en 422,5. Y, ¿qué habría dicho Bach si, en Leipzig, con su órgano afinado en ¡la=480! le hubieran venido con éstas? Él lo mismo hacía maravillas en 480, que en 466, o en 415. Vamos, que la afinación jamás ha estado fijada en 432, que la 432 nunca ha sido un estándar; las afinaciones han rondado casi cualquiera entre 400 y 480 Hz, y además no han faltado las que iban por encima y por debajo… Se valoraba la diversidad, aún no había motivos para unificar.
  • La técnica de fabricación de instrumentos y las salas de conciertos evolucionaban; en cierto momento, las orquestas compiten entre sí por toda Europa en busca del sonido más brillante. Parece que Verdi, en 1874, escribió que «sería mejor para las orquestas», pero lo más que se acercó fue con su Requiem, a 435. Desde luego, la densidad del medio y la temperatura influyen en la propagación de las ondas, por tanto, las condiciones de las salas determinan la afinación de los instrumentos.
  • Tampoco es posible saber quién ha metido al dichoso Herr Goebbels en todo esto. Dos industrias nuevas, la radiofónica, que solicitaba sin parar un estándar por cuestiones técnicas, y la industria musical americana adoptaron este la=440 Hz, fijado en 1939: es la norma ISO-16. Pero no es una ley: cada orquesta, cada banda, cada cual afina como mejor le parece; depende del instrumento, del momento, del ánimo, de lo que vaya a tocar y con quién.
  • Esta polémica con las afinaciones es un poco elitista y, para la mayoría de los mortales oyentes, puramente teórica; a no ser que goces de «oído absoluto«, no te será nada fácil distinguir una melodía en 440, de 432 o 444Hz.

Me parece que no llegamos a ninguna parte con todo esto… Eva y yo comentamos cómo nos rebela la idea de no poder ni disfrutar de la música sin tener que pensar que, incluso esto que llevamos tan dentro, tan indefinible y tan maravilloso, también deba ser objeto de dudas siniestras… Es el signo de los tiempos; y ya hemos estado perdiéndolos un rato: demasiado. Afinaremos como nos dé la gana y punto. Sabemos que nuestras guitarras están fabricadas para 440, y que siempre podemos bajarlas medio tono como Hendrix y Black Sabbath, o hasta re, si nos da por ahí… Vamos a por la guitarra, Eva.

Pasa el tiempo. Mi hermano me presenta a Adam Nealy, un profesional, que lo explica mucho mejor que yo. 👇🏼

*«…lo siniestro sería aquella suerte de espantoso que afecta las cosas conocidas y familiares desde tiempo atrás.» Sigmund Freud – CIX. Lo siniestro – 1919

Si alguien quiere dedicar más tiempo:

⫸ http://www.the-compound.org/writing/classicaltuning.pdf

⫸ https://www.britannica.com/art/tuning-and-temperament

⫸ http://www.sinfoniavirtual.com/revista/031/nazis_afinacion.php

⫸ https://acousticengineering.wordpress.com/2013/12/13/pitch-shifting-to-432-hz-doesnt-improve-music/?hc_location=ufi

 

Durero soñando

«La noche de miércoles al jueves de Pentecostés, vi en sueños lo que representa este dibujo: una multitud de trombas de agua que caían del cielo. La primera golpeó la tierra a una distancia de cuatro leguas: la sacudida y el ruido fueron terroríficos, y toda la región se vio inundada. Tanto me hizo padecer aquello, que me desperté. Después, las otras trombas de agua, espantosas por su violencia y su número, golpearon la tierra, unas más lejos y otras más cerca. Y caían de tan alto que parecían bajar todas con lentitud. Pero cuando la primera tromba estuvo muy cerca ya del suelo, su caída se hizo tan rápida e iba acompañada de tal ruido y de tal huracán que me desperté, temblando como una hoja, y tardé mucho tiempo en reponerme. De suerte que, una vez levantado, pinté lo que aquí arriba vemos. Dios encamina todas las cosas hacia su mayor bien.»

Estas palabras anota Alberto Durero en una entrada de su diario, al amanecer del 8 de junio de 1521, apresuradamente, antes de que llegue la maestra; describen el sueño del que el pintor apenas acaba de despertar. Pero Durero no ha empezado por las palabras, que no son su principal capacidad… el pintor primero esboza, pinta, nada más levantarse. Y podemos imaginarlo, aún temblando como una hoja, mirando su bosquejo de trombas de agua azules cayendo sobre la región parda y mezclándose, casi con los ecos del ruido y del huracán en sus oídos, afanándose por plasmar, considerando los pinceles insuficientes, anotando palabras debajo para completar la descripción… El resultado nos sumerge directamente en el ambiente de esa ‘ciudad de los sueños de la que nadie puede evadirse’* que tanto conocemos todos y cuyas improntas, vividas durante tanto tiempo de nuestras vidas, nos cuesta tanto definir. Reconocemos, comprendemos. También que las sensaciones del sueño son sólo del que sueña y exclusivamente suyas: imagen y palabras sin tiempo.

Marguerite Yourcenar –  El tiempo, gran escultor

Absolute Durero – Escritos y diarios inéditos, recientemente publicados.

*Henri Michaux – Modos del dormido, modos del que despierta